El Jardín de Babilonia

Aquí el otoño es un despertar. La pesada confusión del verano se disipa bajo la mirada misma de la luz: ni una piedra que no brille, ni una rama que no esté cincelada por el cristal más duro. Cada tarde la nitidez del cielo se agudiza bajo la amenaza de la helada, amenaza que luego truncará una noche de viento del sur. Súbitamente cárdenos, aparecerán los Pirineos encolerizados, con sus picos acuchillados por el hielo, sus laderas incendiadas por los fuegos del ocaso, el manto de nubes presto a rebasar la cresta. Hacia ese vacío demasiado puro del ciclón asciende entonces una legión de vientos, y el pendón de las borrascas restalla en los postigos; desgreñado, el Oeste brama desastre y todos los aguaceros del mar le siguen, mientras las hojas alzan el vuelo y el fruto demasiado pesado de las cosechas cae de las ramas negras del invierno.

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La Máquina se para

La ciencia, en lugar de liberar al hombre lo está convirtiendo en esclavo de las máquinas. Las casitas a las que estoy acostumbrado serán arrasadas, los campos apestarán a petróleo, y los aeroplanos harán añicos las estrellas. El ser humano tal vez obtenga un alma nueva y quizá de mayor grandeza bajo estas nuevas condiciones. Pero almas como la mía serán aplastadas.

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El paraíso -que merece ser- recobrado

Las desaforadas utopías tecnológicas ya no sólo pretenden transformar el mundo para ofrecernos un inmenso y artificial Jardín del Edén, sino que, ante la constatación del fracaso de sus intentos, la única respuesta que se atisba en el horizonte es una nueva vuelta de tuerca en el acondicionamiento tecnológico, que se extiende a cada vez más ámbitos de la existencia. El cultivo de nuestra conciencia y nuestros pensamientos no sólo ha perdido su relación con la naturaleza, sino que puede llegar a ser prescindible en un mundo donde todo lo producido tendrá la marca de inteligente para evitarnos el trabajo de serlo nosotros.

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Foucault: la longevidad de una impostura

El principal talento de Foucault fue probablemente dar una forma filosófico-literaria a los lugares comunes de una época […] Como buen escritor posmoderno que aplica con celo las reglas del marketing de las ideas, Foucault se adapta constantemente a la tendencia del momento, pero su discurso nunca deja de ser reversible, de tal manera que se reserva siempre la posibilidad de desmarcarse de él y proclamar su singularidad.

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Un futuro sin porvenir. Por qué no hay que salvar la investigación científica

La Ciencia (con mayúscula) ocupa el centro de la ideología progresista, que ha legitimado la apropiación del destino humano y terrestre por parte de la industria en los últimos dos siglos. La ciencia (con minúscula), con las múltiples apariencias —a veces contradictorias— con que se enmascara, es esencial en la producción de nuevos procedimientos industriales, de nuevos modos de estar en el mundo, de nuevos objetos; en resumen, de nuevas tecnologías. El Grupo Oblomoff se esfuerza aquí en denunciar los avatares no sólo del cientifismo sino de la propia Ciencia.

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Ensayos sobre la libertad en un planeta frágil

Nuestro propósito es mostrar cómo también existieron, y existen, en el anarquismo divergencias importantes para con la ideología del Progreso. Estas sendas sinuosas, a veces caminos cortados o pistas interrumpidas abruptamente, se cruzaban en una maraña confusa de ideales científicos y de fidelidad a la naturaleza, de exaltación de la humanidad libre y de geografía física. En todo caso, lo importante es retener la idea de que toda reflexión consecuente sobre la sociedad dominadora conduce tarde o temprano a una reflexión sobre los límites de la naturaleza y la responsabilidad humana.

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