Es posible que la plena integración en la megamáquina no sea más que el delirio de unos cuantos que tratan de afianzar así su dominio sobre el resto. Pero entonces la incomodidad y el desasosiego que sentimos serían un último síntoma de salud de aquella parte de la vida que aún se resiste a ser sometida.

Piloto automático. Notas sobre el sonambulismo contemporáneo
Juanma Agulles

Colección El martillo de Enoch, 5

2016
10€
171 p.
12×18
ISBN: 978-84-943217-3-3

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Precio web: 9,50€

Lewis Mumford señala que en la tradición china se solía desear a los enemigos que les tocase vivir «tiempos interesantes». Era una forma de condenarlos a la turbulencia, los cambios violentos y el desequilibrio. Corría la década de 1950, y Mumford afirmaba que, sin duda, los tiempos que les había tocado vivir eran «tiempos interesantes». Con ello se refería a que la mecanización daba lugar a una reducción inédita de las capacidades humanas para crear y modificar sus condiciones de existencia, extendiendo al mismo tiempo la escasez y la hambruna, las guerras y el culto a los regímenes totalitarios.

Nuestros tiempos puede que sean incluso más «interesantes». La culminación de la sociedad tecnológica parece haber agotado los intentos por frenar el proceso de automatización. El precio del progreso mecánico es que el ser humano abandone el núcleo fundamental de su existencia, y lanzado a toda velocidad, pierda de vista las señales de peligro. En la progresión ascendente de nuestra complejidad técnica es esa misma inercia la que nos sigue arrastrando. Todas las prótesis tecnológicas que adquirimos para no tener que tomar decisiones nos hacen más vulnerables y nos someten más al criterio de la máquina.

Lo que Langdon Winner llamara «sonambulismo tecnológico» expresa muy bien esta sensación de estar marchando con el piloto automático. Pero mientras nuestro cuerpo se sigue adentrando en el entramado tecnológico, nuestra mente sigue pensando en términos religiosos, y por ello asistimos a la creación de una nueva fe, con su iconografía, sus mártires y sus santos. De modo que aquellos dispuestos a renunciar a «las ventajas prácticas» para salvaguardar su autonomía han quedado casi reducidos a la condición de una secta herética dentro de la mayoritaria religión tecnófila.

Es posible que la plena integración en la megamáquina no sea más que el delirio de unos cuantos que tratan de afianzar así su dominio sobre el resto. Pero entonces la incomodidad y el desasosiego que sentimos serían un último síntoma de salud de aquella parte de la vida que aún se resiste a ser sometida.

Juanma Agulles

Es doctor en Sociología y ha ejercido la docencia en las universidades de Alicante, Murcia y La Rioja. Actualmente trabaja en un centro para personas sin hogar. En sus trabajos ha puesto en cuestión las ideas del progreso tecnológico, la viabilidad de la sociedad urbana y la capacidad de los movimientos políticos contemporáneos para revertir el curso desastroso de la sociedad industrial. Ha participado en diversos proyectos de difusión de pensamiento crítico y ha colaborado con movimientos en defensa del territorio. Actualmente es miembro del Colectivo Cul de Sac, que edita la revista del mismo nombre, y participa con sus artículos en distintas publicaciones del medio libertario y antidesarrollista. Ha publicado los libros Sociología, estatismo y dominación social (Brulot, 2010), Los límites de la conciencia. Ensayos contra la sociedad tecnológica (El Salmón, 2014), y Piloto automático. Notas sobre el sonambulismo contemporáneo (El Salmón, 2016), La destrucción de la ciudad (Catarata, 2017) y La vida administrada. Sobre el naufragio social (Virus, 2017).

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