Una crítica radical del mundo industrial debería poder extraer lo mejor de las formas de vida campesinas y de la relaciones sociales en las ciudades, para oponer una existencia distinta a la utopía asfixiante de una urbanización total de la condición humana. A pesar de la dificultad de su puesta en práctica, de los distintos intentos que conocemos más o menos directamente de recuperar una vida más cercana a la naturaleza, y de la suerte de diferentes luchas en defensa del territorio y contra las infraestructuras del urbanismo industrial, creemos que sigue siendo un buen programa desurbanizar el campo y ruralizar las ciudades. O, como hemos escrito en otro lugar, que la deserción del mundo industrial se convierta en un proyecto político para el anarquismo.
Cul de Sac #5
El campo y la ciudad: ¿Dos mundos enfrentados?

2016
6,5€
148 p.
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Precio web: 6,20€

Sumario

Editorial
El sentimiento de la naturaleza, producto de la industria, Bernard Charbonneau
La máquina en el jardín, Leo Marx
La generación del 98 ante la erosión, José Ardillo
En defensa de la ciudad, Lewis Mumford
Moscú, 1929, Curzio Malaparte
Pequeña guía para ciudades sin pasado, Albert Camus
Roma, ¡qué hermosa fuiste un día!, Pier Paolo Pasolini
La destrucción de la ciudad, Juanma Agulles
Epístola de Baltasar del Alcázar a Cetina
Habitar el campo hoy, Alfonso Martínez
La cuestión Surcos, Salvador Cobo
Pequeños mundos campesinos, Marc Badal

Reseñas
El imposible «retorno a la naturaleza», Adrián Almazán
Los últimos campesinos, Peri Martínez

Notas & Correspondencia
Ante el auge del neomarxismo, Javier Rodríguez Hidalgo
Llamamiento de los chimpancés del futuro, Pièces et Main d’Oeuvre
I, desgraciadamente, el dolor crece, Javier Rodríguez Hidalgo

 

Las nociones de «campo» y «ciudad» han atraído sobre sí desde tiempos inmemoriales numerosos tópicos y lugares comunes, tanto negativos como positivos, a través de los cuales han venido a considerarse realidades contrapuestas y, en gran medida, antagónicas. El campo encarnaba un estilo de vida sencillo, natural e inocente; pero también se le vinculaba como un lugar de atraso, incultura y brutalidad. La ciudad, por su parte, representaba el centro de progreso por excelencia, el lugar en que se desarrollaba la vida del espíritu y en el que se congregaban escritores, eruditos y artistas; en cambio, simbolizaba a su vez la degradación de la moral y de las costumbres, un foco de vicios y ambiciones.

Tal y como señalara Raymond Williams este contraste entre el campo y la ciudad como dos estilos de vida totalmente distintos se remonta a la época clásica, pero en gran medida ha sobrevivido hasta nuestros días, una época en la que la mitad de la población del planeta vive ya en entornos urbanos mientras que, en el Occidente desarrollado e industrializado, el mundo campesino ha desaparecido por completo.

En este número de Cul de Sac hemos querido acercarnos a esos clichés sobre el campo y la ciudad y tratar de vislumbrar, entre los ideales que han simbolizado, las realidades que han escondido a lo largo de los siglos. De ese modo podremos comprender el papel que juegan en nuestro mundo turbocapitalista y modernizado del siglo XXI.

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