Thoreau pensaba que aunque la idea de trabajar con la naturaleza para mejorar la vida humana no carece de mérito, no debemos creer que una vida de comodidad material puede sustituir la necesidad de que la naturaleza salvaje nos proporcione valores estéticos y espirituales para nuestra alma. Y un triunfo absoluto sobre la naturaleza podría privarnos de los bienes que ésta nos proporciona gratuitamente sin mediación de la máquina cuando la tratamos con respeto. Los ecologistas de nuestros días encuentran sostén en el desafío de Thoreau a los planes de Etzler para la naturaleza.

El paraíso -que merece ser- recobrado

Henry David Thoreau

Prólogo de James Moran
Ilustración de Miguel Sánchez Lindo
Traducción de Javier Rodríguez Hidalgo

Colección El Martillo de Enoch, 14

2023
9,95€
76p.
12×18
ISBN: 978-84-125386-6-3

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En 1843 H. D. Thoreau escribió una reseña de El Paraíso al alcance de todos los Hombres, sin Trabajo, mediante la Energía de la Naturaleza y la Máquina, de J. A. Etzler. La reseña criticaba las utopías tecnológicas que pretenden transformar el mundo con la excusa de conseguir un paraíso de abundancia y felicidad para el ser humano, mediante la aplicación y el desarrollo de las técnicas y la maquinaria industrial.

Las obras de Thoreau no parecen suscitar hoy la rebeldía y la desobediencia que debiera inspirar una lectura consecuente de su obra, donde la experiencia de la naturaleza se convirtió en la defensa de una conciencia que corría el peligro de extraviarse con los avances de la modernización. No se trata en Thoreau, por tanto, de una defensa de la naturaleza como si de un protoecologista se tratase. Más bien nos encontramos ante la resistencia de la conciencia individual a las transformaciones que la economía industrial empezaba a propiciar en el siglo XIX.

Hoy vivimos la culminación de esa época y sus desastrosas consecuencias. Las desaforadas utopías tecnológicas ya no sólo pretenden transformar el mundo para ofrecernos un inmenso y artificial Jardín del Edén, sino que, ante la constatación del fracaso de sus intentos, la única respuesta es una nueva vuelta de tuerca en el acondicionamiento tecnológico, que se extiende a cada vez más ámbitos de la existencia. El cultivo de nuestra conciencia no sólo ha perdido su relación con la naturaleza, sino que puede llegar a ser prescindible en un mundo donde todo lo producido tendrá la marca de «inteligente» para evitarnos el trabajo de serlo nosotros.

Quizá sea demasiado pedir que los libros tengan hoy la capacidad de inspirar, siquiera de conmover, a quien los lee. Si con El paraíso —que merece ser— recobrado contribuimos, al menos, a ofrecer una oportunidad para el cultivo de cierta rebeldía contra este estado de cosas, nos daremos por satisfechos.

Henry David Thoreau

Henry David Thoreau (1817-1862), escritor, poeta y filósofo, nació y vivió en Concord (Massachusetts). Más conocido por su defensa de la Desobediencia civil que por su alegato en favor de la violencia antiesclavista en su Apología del capitán John Brown. Más conocido por haber vivido dos años en una cabaña junto a un lago que por haber declarado la guerra al Estado y por anhelar un gobierno «que no gobierne en absoluto». Caminante, observador, naturalista, explorador de la vida en la frontera en el límite entre la civilización y la naturaleza salvaje, apodado por uno de sus contemporáneos como el «Diógenes yankee», Thoreau puso en cuestión los pilares de la ideología de su tiempo, que también es la nuestra: el progreso, la acumulación, la propiedad, el trabajo y la industrialización, y su advertencia ante la transformación de los seres humanos en las «herramientas de su herramientas» llega hasta nuestros días más viva que nunca.

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