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El traje nuevo del presidente Mao

22,80

El traje nuevo del presidente Mao

SIMON LEYS

China ha vivido estos últimos años transformaciones prodigiosas. Está convirtiéndose en una superpotencia, si no en la superpotencia. En este caso, será —cosa inédita— una superpotencia amnésica. Porque, hasta hoy, su milagrosa metamorfosis se efectúa sin cuestionar el absoluto monopolio que sigue ejerciendo el Partido Comunista sobre el poder político, y sin tocar la imagen tutelar del presidente Mao, símbolo y clave de bóveda del régimen. Y el corolario de estos dos imperativos es la necesidad de censurar la verdad histórica de la República Popular desde su fundación: prohibición total de escribir la historia del maoísmo en acción, es decir, las sangrientas purgas de los años cincuenta, la gigantesca hambruna causada por Mao (en un acceso de delirio ideológico) a principios de los años sesenta y, por último, el monstruoso desastre humano de la «Revolución Cultural» (1966-1976).

22,80

Descripción

Publicado en Francia en 1971, El traje nuevo del presidente Mao contiene una crónica de los primeros años de la «Revolución Cultural» maoísta, que desde 1966 sumió a China en un estado de guerra civil y de frenesí criminal. Pierre Ryckmans, sinólogo y estudioso de la literatura y del arte clásico chinos, adoptó el nombre de pluma de Simon Leys para garantizar su seguridad en China y protegerse de los ataques de la intelligentsia francesa que, plegada a los delirios ideológicos del maoísmo, tachó a Leys de reaccionario a sueldo de la CIA por el crimen de mostrar que el Gran Timonel estaba efectivamente desnudo.

Ediciones El Salmón se enorgullece de volver a presentar al público en castellano esta obra, con una nueva traducción y con material inédito. En los próximos años completaremos esta edición con la publicación de Imágenes rotas, así como con sus conferencias sobre cultura reunidas en el volumen La vista desde el puente.

«La “Revolución Cultural”, que de revolucionario sólo tuvo el nombre, y de cultural el pretexto táctico inicial, fue una lucha por el poder que se entabló en la cúspide entre un puñado de in­dividuos, tras la cortina de humo de un ficticio movimiento de masas. […] Para el pueblo, el maoísmo puro sig­nifica la sustitución de las legítimas exigencias materiales, inte­lectuales y sensibles de la naturaleza humana por una mística política austera y fanática, la imposición de un estado perma­nente de movilización casi militar, la destrucción implacable de todos los valores tradicionales, una desoladora existencia monótona, el establecimiento de un desierto cultural, una univer­sal beatería, y una aridez y un aburrimiento interrumpidos so­lamente por explosiones periódicas de violencia y de activismo histérico».

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