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La vida en la tierra

20,70

La vida en la tierra

A finales de los años 90, un autor desconocido publicaba el ensayo «La vida en la tierra. Reflexiones sobre el poco porvenir de estos tiempos», una potente denuncia de la vida industrial moderna, con el estilo elegante a la altura de la mejor prosa francesa. Desde su publicación, ha vendido miles de copias en Francia; su autor, que firma con el pseudónimo de Baudouin de Bodinat, rehúye la fama y no concede entrevistas ni ha aparecido en ningún acto público.

20,70

Descripción

Escrito a finales de los 90, La vida en la tierra es una denuncia de la vida contemporánea high-tech, un inventario de la barbarie industrial de la sociedad en que vivimos. Definido como una «bomba filosófica», Bodinat nos muestra en una lengua elegante y sutil el poco porvenir que contienen los tiempos modernos.

 

«Cada mañana reco­bramos la conciencia en un mundo un poco más angosto y vi­ciado que el día anterior: los horizontes se estrechan y senti­mos que su confusión se cierra sobre nosotros; la bóveda del cielo está un poco más solidificada de óxido de carbono, de co­rredores aéreos, de ondas hertzianas. Cada mañana, al abrir la ventana nos encontramos con que el mundo sigue repleto de comercios gi­gantescos con sus parkings, de salidas de autopista, de bancos de datos, de residuos domésticos imputrescibles; un poco más abarrotado de cámaras de seguridad, de cajeros automáticos que nos tutean, de canales de televisión especializa­dos, de fungicidas mutágenos, de metales pesados, de herpes, de cánceres de mama, de hemorragias intestinales; cada mañana resucitamos a un mundo manchado de fuel que se queda sin ár­boles y se reseca, en el que a la naturaleza decrépita y en ruinas se le extravían los tifones por las zonas templadas, en el que los vuelos chárter del turismo de masas hacen añicos el ozono de la estratosfera, en el que los arrastreros informatizados se disputan entre los plásticos y todas las mierdas flotantes del futuro moderno hecho realidad los últimos atunes rojos locali­zados vía satélite. Cada mañana nos despertamos en un mundo que la mayoría no ha conocido más que por estos días sin leja­nías, sin espacio terrestre por delante y por muchos años y en el que nada hay inscrito todavía».

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