Las bellas banderas

He tenido recientes experiencias de «diálogo» con el público no especializado, y han sido experiencias hermosísimas. Comenzó meses atrás cuando me pidieron que acudiera a dar una conferencia. Pero yo no tenía ganas de hacer de conferenciante, no tenía ganas de aburrirme al público y a mí mismo con una charla que sólo entretiene si se representa bien, o sea, con demagogia; de modo que les propuse hacer una «conferencia de prensa pública»: los asistentes podrían plantearme preguntas, con total libertad, y yo les respondería. Salió de maravilla: no se aburrió nadie, a pesar de que el diálogo se prolongó más allá de dos horas. Desde entonces, siempre que me piden que vaya a hablar a otras ciudades lo hago así; y guardo un recuerdo hermosísimo de todas estas charlas, un sentimiento de profunda simpatía hacia mis interlocutores. Me gustaría hacer aquí, en este rincón, algo parecido y esperemos que igual de útil y vital.

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