Covid-19. La respuesta autoritaria y la estrategia del miedo

No es nada sencillo entender o explicar cómo las autoridades públicas pudieron tomar masiva y globalmente medidas de consecuencias tan graves, y de eficacia cuanto menos dudosa al momento de decidir su implementación. Más complejo aún es comprender cómo han podido sostenerlas cuando los estudios muestran que la letalidad del virus es entre diez y veinte veces menor que la que se le había atribuido inicialmente, y cuando las consecuencias negativas del gran encierro son ya ostensibles y su eficacia para disminuir el impacto de la pandemia entre escaso y contraproducente. Todo esto ha propiciado la proliferación de teorías conspirativas de todo tipo, desde las que planteaban que el virus era una creación de laboratorio, hasta las que negaban la existencia misma del virus. Aquí ofreceremos un esbozo de explicación que, creemos, ayuda a entender simultáneamente cómo fue posible una reacción tan uniformemente sustentada en el pánico, y por qué quienes no se plegaron a la ola de temor tendieron a recurrir a teorías conspirativas para explicar las acciones autoritarias de los gobiernos.

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Imágenes rotas

En el transcurso de esas conversaciones nos ha acontecido a menudo, a mis interlocutores y a mí, que nos hemos maravillado de nuestra suerte: nosotros aquí, ellos chinos, yo extranjero, desnudando nuestros corazones ¡y diciendo todo lo que se nos pasa por la cabeza! Nuestros caminos podrían haberse cruzado perfectamente ayer en China, pero tendríamos que haber guardado silencio; o incluso si en el transcurso de una clásica visita a su escuela, a su fábrica, a su comunidad, me hubiese sido dado verles y preguntarles, no habrían podido más que recitarme puntualmente la letanía que por convención se exige soltar a los extranjeros… Acerca de este asunto de las relaciones entre chinos y extranjeros, algunos de sus relatos terminan por lo demás por arrojar luz retrospectivamente sobre experiencias que tuve durante mi estancia en China y que, por algún incidente en particular, me provocan un doloroso remordimiento.

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¿Qué es el Estado?

Todo Estado es capitalista, o que está en la esencia del Estado el ser capitalista, por la razón de que todo Estado es totalitario o que es esencia del Estado el ser totalitario. El Estado es totalitario porque es la forma perfecta o cerrada de organización política, en la cual el proyecto de organización, el proyecto de un Orden establecido por el saber humano y funcionando según el Plan de la Autoridad, sólo podrá cumplirse si ese Orden se refiere a un conjunto definido y numerable, a un verdadero Todo.

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Mundo en venta

El turismo ofrece su gama de destinos a todo aquel que quiera gestionar la geografía de su entretenimiento en este inmenso centro comercial en el que se ha convertido el planeta. Aquellos que esperen curar su malestar a golpe de desarrollo personal y desquitarse a costa de adquirir bienes, en algunos casos sostenibles o de comercio justo, preferirán cambiar de entorno por un tiempo en vez de actuar de manera sostenible en el lugar donde viven. Podemos experimentar la compasión durante nuestras vacaciones en Camboya y comportarnos como verdaderos cretinos en el terreno de nuestra vida cotidiana.

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El traje nuevo del presidente Mao

China ha vivido estos últimos años transformaciones prodigiosas. Está convirtiéndose en una superpotencia, si no en la superpotencia. En este caso, será —cosa inédita— una superpotencia amnésica. Porque, hasta hoy, su milagrosa metamorfosis se efectúa sin cuestionar el absoluto monopolio que sigue ejerciendo el Partido Comunista sobre el poder político, y sin tocar la imagen tutelar del presidente Mao, símbolo y clave de bóveda del régimen. Y el corolario de estos dos imperativos es la necesidad de censurar la verdad histórica de la República Popular desde su fundación: prohibición total de escribir la historia del maoísmo en acción, es decir, las sangrientas purgas de los años cincuenta, la gigantesca hambruna causada por Mao (en un acceso de delirio ideológico) a principios de los años sesenta y, por último, el monstruoso desastre humano de la «Revolución Cultural» (1966-1976).

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Foucault: la longevidad de una impostura

El principal talento de Foucault fue probablemente dar una forma filosófico-literaria a los lugares comunes de una época […] Como buen escritor posmoderno que aplica con celo las reglas del marketing de las ideas, Foucault se adapta constantemente a la tendencia del momento, pero su discurso nunca deja de ser reversible, de tal manera que se reserva siempre la posibilidad de desmarcarse de él y proclamar su singularidad.

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George Orwell ante sus calumniadores

Al responderles aquí, no hemos tenido la candidez de sorprendernos por todas estas calumnias: forman parte del orden de las cosas; los que las profieren son lo que son y Orwell fue lo que fue. Los espíritus serviles odian hasta el recuerdo de la libertad. Como dijera el propio Orwell: «Lo que aterra del totalitarismo no es que cometa “atrocidades” sino que destruye la noción misma de verdad objetiva: pretende controlar el pasado tanto como el futuro».

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15M. Obedecer bajo la forma de la rebelión

El tiempo de la indignación es el tiempo de la defensa de los privilegios, no el de la revolución contra el orden que los produce. El 15M ha supuesto la alineación de una parte de la población, hasta ahora sólo desencantada, para la defensa por otros medios del orden establecido. Ha exclamado su pretensión de mantener las condiciones de una vida insostenible al módico precio de olvidar la opresión pasada, justificar la presente y preparar la futura.

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