Las bellas banderas

He tenido recientes experiencias de «diálogo» con el público no especializado, y han sido experiencias hermosísimas. Comenzó meses atrás cuando me pidieron que acudiera a dar una conferencia. Pero yo no tenía ganas de hacer de conferenciante, no tenía ganas de aburrirme al público y a mí mismo con una charla que sólo entretiene si se representa bien, o sea, con demagogia; de modo que les propuse hacer una «conferencia de prensa pública»: los asistentes podrían plantearme preguntas, con total libertad, y yo les respondería. Salió de maravilla: no se aburrió nadie, a pesar de que el diálogo se prolongó más allá de dos horas. Desde entonces, siempre que me piden que vaya a hablar a otras ciudades lo hago así; y guardo un recuerdo hermosísimo de todas estas charlas, un sentimiento de profunda simpatía hacia mis interlocutores. Me gustaría hacer aquí, en este rincón, algo parecido y esperemos que igual de útil y vital.

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Llamamiento al socialismo

La tecnología está por completo bajo el embrujo del capitalismo; la máquina, la herramienta, el inanimado sirviente del ser humano, se ha convertido en su amo; a su vez, el capitalismo es esclavo de la tecnología creada por él mismo. También él ha sido integrado al engranaje de sus máquinas; y, como sus obreros, es aplastado a menudo por ellas.

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De la parte equivocada

Nuestro primer plato principal, nuestro principal alimento cotidiano, es pura mierda. Está bien. No nos merecemos nada mejor. ¿Pero por qué servírnosla con una guarnición adicional de pequeños excrementos modelados cual castañas confitadas, dentro de fuentes horrendas con forma de corazón, con un espantoso hilo musical de fondo, frente a la televisión donde la presentadora nos guiña un ojo mientras nos seduce con su habitual y atroz sonrisa? ¿Es mucho pedir que se nos ahorre la ofensa innecesaria del comentario consolador, la tortura extrema de la guinda moral?

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La raíz es el hombre

Puedo añadir que la perspectiva radical, al menos como yo la entiendo, no niega la importancia y la validez de la ciencia en su propia esfera, ni la de los estudios históricos, sociológicos y económicos. Tampoco afirma que la única realidad sea la individual y su conciencia. En lugar de eso, delimita una esfera que está fuera del alcance de la investigación científica, y cuyo juicio de valor no puede probarse (si bien podría demostrarse en los términos apropiados, no científicos); esta es la esfera tradicional del arte y de la moral. El radical ve que cualquier movimiento que, como el socialismo, persiga un tipo de sociedad éticamente superior, debe enraizarse en esa esfera, aunque su crecimiento pueda estar modelado por el proceso histórico. Esta es la esfera de los intereses humanos y personales y, en este sentido, la raíz es el hombre.

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