El precio del progreso

«Nuestra fe en el dogma del progreso como algo inevitable es tan fuerte, que ha sido capaz de sobrevivir a dos guerras mundiales, y continúa floreciendo a pesar del totalitarismo y el renacimiento de la esclavitud, los campos de concentración, los bombardeos atómicos. El progreso de la ciencia es uno de los factores determinantes implicados en el paulatino declive de la libertad, así como en la centralización del poder, que han tenido lugar durante el siglo veinte».

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La vida en la tierra

¿En qué pensar? Me acerco a la ventana. La calle se me aparece con una precisión absoluta: las carrocerías de los coches brillan al sol, por la acera de enfrente pasan los transeúntes con sus órganos internos. ¿A qué dedicar todas estas horas del día? Con mucho gusto me dejaría caer por las callejuelas empinadas, por las escaleras con baranda de hierro entre los muros ennegrecidos para bajar hacia los barrios de la ribera del río y buscar por allí un modesto restaurante en el que almorzar bajo el cielo de antaño. Pero ahí fuera está el mundo televisado, la ciudad presa de su delirio de motores y electricidades, sus habitantes de ojos artificiales.

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Chernoblues

El Estado autoritario, o incluso totalitario, se vuelve una necesidad «natural» y deja de ser el producto de una decisión de la población o de la toma del poder por parte de una minoría. La dinámica de la sociedad industrial es temible por su extremada coherencia lógica. Los antinucleares y más en general el movimiento ecologista, al no reclamar más que controles cada vez más estrictos y una reglamentación más restrictiva, participan en esta dinámica, independientemente de los valores que querrían desarrollar en la sociedad.

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La libertad en coma

Seamos claros: la informatización de la vida está creando cada vez más rápido una serie de problemas humanos, sanitarios y políticos demasiado graves como para que la sociedad pueda seguir ocultándoselos a sí misma de forma indefinida.

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Destruyamos las máquinas

El hecho de que las máquinas posean ahora una consciencia mínima no es garantía de que, en última instancia, no vaya a evolucionar la consciencia mecánica. Téngase en cuenta el avance extraordinario que han protagonizado las máquinas durante los últimos siglos. ¿No sería más seguro cortar el problema de raíz e impedirles continuar su progreso?

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La pesadilla tecnológica

Cabría despachar estas profecías como mera palabrería autoindulgente de niños ricos, salvo por una cosa: han terminado por dar forma a la opinión pública. Al extender una visión utópica de la tecnología, una visión que define el progreso exclusivamente en términos tecnológicos, han reducido la capacidad crítica de la gente, propiciando que los empresarios de Silicon Valley sean libres de remodelar la cultura para que se adapte a sus intereses comerciales.

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En el camino a ninguna parte

Es cierto que no podemos volver a los círculos sagrados perdidos hace mucho tiempo. Estamos ya desarraigados. Pero el espacio y el tiempo aún no han sido aniquilados por completo: todavía es posible averiguar dónde hemos estado, quiénes somos en realidad, y reconocer la integridad del lugar y aquello que ha vivido en él. Es el momento de comenzar a limpiar nuestros deshechos, de «asirnos a la roca y al suelo», como dijo el escritor lakota Luther Standing Bear. Es hora de volver a casa.

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Piloto automático

Es posible que la plena integración en la megamáquina no sea más que el delirio de unos cuantos que tratan de afianzar así su dominio sobre el resto. Pero entonces la incomodidad y el desasosiego que sentimos serían un último síntoma de salud de aquella parte de la vida que aún se resiste a ser sometida.

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Un futuro sin porvenir. Por qué no hay que salvar la investigación científica

La Ciencia (con mayúscula) ocupa el centro de la ideología progresista, que ha legitimado la apropiación del destino humano y terrestre por parte de la industria en los últimos dos siglos. La ciencia (con minúscula), con las múltiples apariencias —a veces contradictorias— con que se enmascara, es esencial en la producción de nuevos procedimientos industriales, de nuevos modos de estar en el mundo, de nuevos objetos; en resumen, de nuevas tecnologías. El Grupo Oblomoff se esfuerza aquí en denunciar los avatares no sólo del cientifismo sino de la propia Ciencia.

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